escudo2   Ayuntamiento de Montalbo

tiempo Montalbo



Francisco Verdejo González

Francisco Verdejo González

   Este insigne y extraordinario matemático nació en la villa de Montalbo el 15 de febrero de 1757.

   Entre los autores que mencionan a este ilustre matemático como natural u originario de Montalbo, se encuentran: José Simón Díaz, Mª Luisa Vallejo Guijarro, Álvarez M. del Peral y Mª Carmen Simón Palmer.

   Sus padres, aunque de buena familia, pero de escasa fortuna, fueron: D. Nicolás Verdejo Párraga, natural de Daimiel (Ciudad Real) y Dª Teresa González, natural de Jerez de los Caballeros (Badajoz).

   La infancia y juventud de Francisco transcurrió en el pueblo de Montalbo, en donde recibió su primera educación bajo las instrucciones del preceptor D. José de Heredia. Más tarde ingresa en la 4ª Compañía de Gastadores de las Reales Guardias Españolas, donde se le nombró soldado y cabo distinguido, llegando a obtener en 1785 un premio en matemáticas. En ese mismo año y compaginando sus estudios con la vida militar, su nombre aparece en la Gaceta de Madrid entre los alumnos aprobados en los reales Estudios de San Isidro, en los cursos de Matemáticas y Dinámica.

   Nada más finalizados sus estudios, fue nombrado maestro de matemáticas en la Casa de Desamparados (Real Colegio de Misericordia), en donde manifestó durante 7 años su conducta y suficiencia, enseñando hasta lo más sublime de las matemáticas, como son las ramas de ecuaciones superiores, senos, hidrodinámica, óptica, astronomía y fortificaciones; teniendo la satisfacción de que sus discípulos defendían anualmente, y con gran brillantez, sus tesis académicas.

   Contrajo matrimonio con una joven hermosa con la que tuvo un hijo: Francisco Verdejo Páez (ilustre geógrafo, matemático y prolífero escritor). Mas la felicidad de este matrimonio duró poco, pues una enfermedad se cebó en su bella esposa dejándole muy pronto viudo. No obstante, pasado unos años, casó en segundas nupcias con otra bella mujer, paisana suya,  natural de Villar de Cañas.

   Con fecha 6 de febrero de 1794, y tras haber quedado vacante la cátedra de matemáticas del Colegio Imperial de Madrid, Francisco Verdejo se apresura a solicitar la concesión de dicha cátedra, presentándose a la correspondiente oposición. A esta oposición concurren 5 opositores, todos ellos con extraordinarios méritos y muchas recomendaciones. Francisco Verdejo en su pretensión a dicha cátedra, hace constar que había olvidado el latín que aprendió en su juventud en el pueblo de Montalbo con el maestro D. José de Heredia, ya difunto, pero añade que no considera necesario su dominio, ya que las explicaciones se daban en castellano y había libros en este idioma. El director del Colegio Imperial se opuso a la pretensión de Francisco Verdejo, y manifestó que: “le puse un libro latino del estilo más llano, y no supo traducir en él cosa alguna”. No obstante, el Consejo del Colegio Imperial ordenó que fuese admitido y, tras el examen de oposición, aceptado como idóneo para cubrir la plaza vacante convocada.

   Con fecha 14 de febrero de 1795, el rey Carlos IV nombra catedrático de matemáticas del Colegio Imperial de Madrid (Reales Estudios de San Isidro) a D. francisco Verdejo González.

   Como era de esperar, pronto Verdejo tendría su primer enfrentamiento con el Director del Colegio Imperial al tratar de suprimir el texto de Benito Baila, que Verdejo consideraba “demasiado extenso en general y excesivamente breve en lo fundamental, y carente de tablas logarítmicas”, por otro suyo en dos volúmenes. El Director, Sr. Lugo, que, “tal vez por etiquetas particulares”, exhortaba a los profesores a escribir obras de texto, impidió que Verdejo utilizase la suya por considerar la obra de Bails superior y más rigurosa, mientras que la de Verdejo la consideraba demasiado incompleta y de inferior calidad. Frente a esta despectiva crítica Verdejo respondió que “al Director no le compete juzgar de mis obras, correspondientes a una ciencia que ignora”, por lo que solicitó que informasen acerca de sus obras y sus méritos personas competentes. Y así lo hizo el Consejo del Colegio Imperial ordenando a los profesores de matemáticas del Colegio de Artillería de Segovia que se pronunciasen sobre la obra de Verdejo. Estos, tras un detallado estudio y deliberación, opinaron que “debiendo de servir para la enseñanza de artesanos como son por lo común los que frecuentan los Reales estudios, debe preferirse el curso de Verdejo al de bails por ser más breve y proporcionado.

   La actividad académica de D. francisco Verdejo en el Colegio Imperial de Madrid, fue muy amplia y abundante. Además de impartir las clases, como titular de la cátedra, ayudaba a sus discípulos en sus investigaciones; y formaba parte de tribunales en exámenes y oposiciones públicas, llegando a presidir muchos de ellos. De entre sus numerosos discípulos, hemos de destacar a D. Antonio Sangenis, héroe de la defensa de Zaragoza y legítima gloria de los Ingenieros Militares, y al Ilmo. Sr. D. Agustín Silva y Palafox Fernández de Hijar, Duque de Aliaga.

   Este gran matemático e ilustre Montalbeño, amigo personal de D. Manuel de Godoy, publicó varias obras, por las que obtuvo grandes elogios oficiales. Las más conocidas son:”Compendio de matemáticas puras y mixtas” (2 tomos. Madrid, 1794), “Arte de medir la tierra y aforar los líquidos y sólidos” (Madrid, 1796), y “Adicciones al I tomo del Compendio de matemáticas puras y mixtas” (Madrid, 1801). De todas estas obras debemos hacer especial mención a la del Arte de medir la tierra y aforar los líquidos y sólidos, pues en el 2011 se publicó una edición facsímile de este libro, demostrando de esta forma su importancia.

      Por último, don Gonzalo Díe Fagoaga publicó en el año 2010 el libro: Francisco Verdejo, un matemático olvidado; una extraordinaria y completísima biografía de este importante matemático montalbeño y en el que se incluye numeras pinceladas de su no menos ilustre hermano Nicolás Verdejo González.

     Bibliografía: Historia del colegio Imperial de Madrid. José Simón Díaz. (Madrid, 1991). Diccionario de personajes conquenses. Hilario Prieto y José A. Silva.  (Cuenca, 2002).  Montalbo (Opúsculo para su historia). A. Escamilla. (Madrid, 1985).  Francisco Verdejo, un matemático olvidado. Gonzalo Díe Fagoaga (Madrid 2010).         

Antonio Escamilla Cid.